“No necesitas abandonar tu cuarto.
Permanece sentado a la mesa y escucha.
Ni siquiera escuches; simplemente espera.
Ni siquiera esperes.
Permanece quieto en silencio y solitario.
El mundo se te ofrecerá gratuitamente.
Para que lo desenmascares; no tiene opción;
rodará en éxtasis a tus pies.”
Franz Kafka
Una habitación indeterminada. Un hombre solo. Esperando. Entrenando. El artista frente a una cultura silenciosa. Frente a un vacío cultural. Entrena con una escoba para hacer frente a una violencia imprecisa, antigua, natural. Grita mudo en una ciudad que traga: “es tiempo de abordar la esencia de esta cultura cuyo valor de felicidad se pone en entredicho”. Las pinturas digitales de Baldomero Hernández, realizadas con particular maestría y pulcritud, narran su proceso mismo: la enorme soledad que siente el ser humano al estar frente a la tecnología. Son un andar por los distintos caminos que sigue el hombre en su alienación y su alteridad.
En sus piezas interactivas somos testigos de cómo máquinas, que sustituyen lo que llamamos vida y deseo, hacen una especie de juego combinatorio, una apuesta continua que se pierde ante lo fortuito: la enfermedad y la muerte.
Ante todo esto sólo nos queda la forma particular en que cada uno de nosotros nos encontramos con un yo-otro dentro de nosotros mismos; y nos abrimos a percepciones desconocidas en un juego creativo, ayudados de una tecnología acre de la que extraemos el mayor goce posible. Baldomero nos propone hacer un juego solitario e introspectivo como defensa. Hacer una rutina de lo desconocido. Hacer silencio. Para que el mundo entero ruede a nuestros pies, en éxtasis.
Oswaldo Ruiz
Texto para la exposición "Entrenamiento" Facultad de Artes Visuales de la UANL
Septiembre 2008 |