José Clemente
Orozco
Por: Giancarlo v. Nacher Malvaioli *
PRINCIPALES ACONTECIMIENTOS EN LA VIDA DE JOSÉ CLEMENTE OROZCO
1883 nace en Ciudad Guzmán, antes llamada Zapotlán
el Grande y hoy Zapotlán Orozco, Jalisco.
1890 su familia se traslada a la Ciudad de México.
1900 se recibe de perito agrícola.
1906 se inscribe en la Academia de Bellas Artes de San Carlos.
1910 funda con el Doctor Atl (Gerardo Murillo) el Círculo
Artístico con el objetivo, no realizado, de pintar murales.
1911 participa en la huelga estudiantil en contra de la enseñanza
tradicional y obsoleta de la Academia. Dibuja caricaturas para varios
periódicos capitalinos.
1916 primera exposición de sus obras en la librería
Biblos de la Ciudad de México.
1917 viaja a los Estados Unidos. La aduana americana, en Laredo,
Texas, le decomisa y destruye unas sesenta pinturas que juzga inmorales.
A su regreso a México Orozco declaró que no había
en ellas ni un sólo desnudo.
Visita San Francisco y Nueva York.
1922 empieza pintando murales en la Escuela Normal Preparatoria,
en la Ciudad de México. Suscribe el manifiesto del muralismo
redactado por Siqueiros.
1925 pinta el mural Omniscencia, en la Casa de los
Azulejos, en la Ciudad e México.
1926 pinta el mural Revolución Social en Orizaba.
1927 al acabar los murales de la Escuela Normal Preparatoria viaja
a Nueva York.
1928 expone en Nueva York.
1930 pinta murales en el Pomona College de Claremont, California,
y otros en la New School for Research en Nueva York.
1932 visita Londres, París, Milán, Venecia, Florencia,
Roma, Nápoles, Pompeya, Madrid, Toledo y otras ciudades europeas.
Pinta 14 tableros en el Dartmonth College en Hanover, New Hampshire.
1934 regresa a México donde pinta un mural en Bellas Artes.
1936-39 pinta frescos en el Palacio de Gobierno, en la Universidad
y en el Hospicio Cabañas, todos en Guadalajara.
1940 pinta un mural en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
1941 pinta un mural para la Suprema Corte de Justicia en la Ciudad
de México.
1942 pinta murales en el Templo de Jesús.
1945 publica su autobiografía.
1946 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas.
1947 exposición retrospectiva de sus obras en el Palacio
de Bellas Artes.
1949 pinta murales en el Castillo de Chapultepec, otro en el Conservatorio
Nacional de Música y otro más en la Cámara de
Diputados de Jalisco, en Guadalajara.
Muere dejando inconcluso un mural al aire libre en el Multifamiliar
Miguel Alemán.
TRAYECTORIA ARTÍSTICA DE OROZCO Y ALGUNAS DE SUS OBRAS
REACCIONA EN CONTRA de la Academia.
Muchas y distintas son las INFLUENCIAS que recibe del arte precolombino
al Renacimiento italiano (Miguel Ángel), Manierismo y Barroco,
y entre los pintores modernos de Daumier, Toulouse-Lautrec y Rouault.
POÉTICA: quiso crear un arte puro, preciso, profundamente humano
y claro en su objetivo, sin embargo, siendo impermeable a toda ideología
para él el tema representaba un medio y no un fin, por consiguiente
la creación artística no podía preveerse ni estar
limitada o condicionada.
Si para Diego Rivera el mundo prehispánico era una edad de oro,
perdida y añorada, y la conquista española una destrucción
sistemática y despiadada de ese paraíso, que parecía
haber sucedido ayer, y sin que dejara nada positivo,
para Orozco la conquista fue cosa pasada y, en perspectiva histórica,
quiso encontrar y enfatizar objetivamente lo positivo y lo negativo
de ambas culturas, más positivo en la conquista y más
negativo en las sociedades indígenas precolombinas.
Los dos, cada quien a su manera, tienen fe en una sociedad futura mejor,
donde impere menos la crueldad, la estupidez y la barbarie.
Por supuesto Orozco incurre en muchas contradicciones en sus ideas
sobre la historia socio-política, en particular la contemporánea,
pero no son más que el reflejo del pensamiento de un hombre que
evoluciona y cambia de opinión de acuerdo con los acontecimientos,
las situaciones y los enfoques críticos, al vivir en un mundo
cuya problemática mundial, y particularmente la mexicana, resultaba
ser muy compleja.
Consciente de este hecho dejó escrito: Vivimos en un mundo
lleno de contradicciones, y difícilmente el que lo interpreta
en su obra puede olvidarlo.
TEMÁTICA: como la de Diego Rivera su temática es muy variada,
además de los temas histórico-político-sociales
de los murales, pintó retratos, autorretratos, desnudos, naturalezas
muertas, escenas de género y paisajes.
ELEMENTOS FORMALES: lo que más impresiona en su pintura es el
dibujo neto, preciso, enérgico, expresivo y dinámico.
Todo es movimiento, no sólo de los cuerpos, sino inclusive de
los objetos, del mundo vegetal y animal y de la misma atmósfera.
Este dinamismo lo logra por medio de las líneas y por el color
que las enfatiza al máximo.
Movimiento es vida, quietud es muerte, por lo tanto su mundo palpita
de vida; una vida tan intensa y dramáticamente vivida y expresada
por sus pinceladas que parecen latigazos cortantes e incisivos, rabiosos
y violentos.
Los colores son ácido y turbios escribió Octavio
Paz, pero también metálicos y brillantes. Más que
buscar las posibilidades de los matices cromáticos usa los colores
para reforzar el dibujo, para complementarlo, o bien para sustituir
las líneas negras por líneas coloreadas.
Lo mismo sucede con la luz y con el claroscuro, utilizados para enfatizar
la fuerza del trazo. La composición es dinámica, por oposición
o contraste de masas y de líneas.
En sus últimas etapas se vuelve más sintético,
restringe la gama cromática, prefiere la prevalencia de los
negros, grises, blancos, tierras y ocres y tiene la tendencia a desmaterializar
las formas.
Usa todo tipo de perspectivas o las evita de acuerdo con las necesidades
expresivas del momento.
Experimenta y utiliza varias técnicas: el fresco, el óleo,
el temple, la piroxilina y el duco sobre masonita.

EL HOMBRE EN LLAMAS
Medidas: la escena del hombre en llamas mide m. 11 de largo y se encuentra
a unos 27 metros del suelo.
Pintado al fresco, entre 1938 y 1939.
Se encuentra en la Cúpula del Hospicio Cabañas, hoy Instituto
Cultural Cabañas, en Guadalajara, Jalisco.
DESCRIPCIÓN:El Hombre en Llamas es colocado en el
centro del Instituto, que Orozco pintó junto con los 53 frescos
de las paredes y cielorraso del mismo.
Representan el mundo prehispánico, con sus rituales primitivos
y sangrientos al sacrificar seres humanos, y en una sociedad que parece
vivir y actuar dentro de normas inflexibles, al margen de toda compasión.
En oposición se encuentra la conquista española, representada
de manera más objetiva que la de Diego Rivera, y de otros muralistas,
al mostrar sus lados positivos y negativos: luchas, destrucciones, muerte
que afectan ya sea a los españoles como a los indios, pero también
la introducción de la ciencia en oposición a la superstición,
y de la caridad cristiana en oposición a la crueldad de la religión
autóctona.
El obispo español Juan Cruz de Cabañas, fundador del Hospicio,
simboliza la caridad; una rueda representa la civilización occidental
y aparece en forma de astro rutilante, mientras los caballos parecen
transformarse en máquinas, en robots, como una metamorfosis de
la conquista a la industria, a la mecanización y a la moderna
sociedad mexicana.
Quizás bajo la influencia filosófica de Ortega y Gasset,
Orozco ve también en las masas mundiales, despersonalizadas y
enajenadas, un peligro para su evolución futura. Las masas sin
cabeza, violentas, movidas por unos ideales representados por banderas,
se encuentran a la merced de demagogos y dictadores.
De esta sociedad moderna Orozco condena las injusticias, la corrupción,
la venalidad y la traición, mientras va reapareciendo la barbarie,
la ignorancia y las luchas fratricidas.
En la cúpula del Hospicio, Orozco llega a su conclusión:
el hombre. Un hombre desnudo caminando y envuelto en llamas, visto de
escorzo, desde sus pies hasta arriba, sobre un fondo ardiendo. Alrededor
de él hay otros tres desnudos tendidos, cuyos cuerpos aparecen
casi totalmente o tan sólo en partes.
En perspectiva y matizado por el claroscuro, que destaca poderosamente
los volúmenes, uno de los hombres muestra su rostro, y sus brazos
y piernas, que siguiendo la redondez de la cúpula casi se tocan
con los de otro hombre cuyo rostro es captado de perfil, mientras un
tercer hombre yace debajo del primero, apenas se distinguen partes
de su nuca, las manos y algo del cuerpo tendido hasta tocar el del
segundo hombre.
ELEMENTOS FORMALES: los cuatro hombres tienen tonalidades de color
gris-metálico,
con pinceladas blancas que graban y enfatizan los rasgos faciales y
otras partes de los cuerpos.
Se notan también toques azules y otros, casi imperceptibles,
de un rosa diluido. En cambio en el hombre en llamas predominan el
rojo encendido, el rosa y matices de azul que contrastan violentamente
con los rosas, con los cuales a veces llegan a mezclarse.
El dibujo es sintético, preciso y de trazo duro, marcado, violento.
El hombre en llamas, que parece catapulteado en el vacío, partiendo
del círculo donde se encuentran los otros tres seres, se libra
en el espacio convirtiéndose en fuego.
El blanco puro, o el blanco revuelto con el gris, el rojo y el azul,
proporcionan efectos de luz que enfatizan el dibujo y, al mismo tiempo,
proporcionan una mayor carga dinámica.
JUICIO CRÍTICO: al parecer Orozco quiso representar los cuatro
elementos que, según Empédocles, forman todas las cosas:
la tierra, simbolizada por el hombre semivisible; el agua, por el hombre
de mirada penetrante; el aire, que es Éolo, dios del viento,
cuyo rostro de perfil apenas muestra una mirada que se pierde a lo
lejos, y el fuego que es el hombre en llamas. Cuatro elementos eternos
e inmutables, agitados por el amor y el odio, cuyos encuentros, luchas,
separaciones y combinaciones dan vida a todo lo que existe en el universo.
La lucha constante entre el amor y el odio crea la historia del mundo.
Un día el amor vencerá definitivamente y entonces todo
regresará a formar la unidad inicial, armoniosa y eterna, que
se había perdido un tiempo a causa de la aparición del
odio.
Algunos críticos interpretan el mural como una glorificación
de los cuatro elementos, otros ven en cada una de las figuras una simbología
inherente al hombre mismo: el hombre teológico (que simboliza
la tierra), el cual despierta en el mundo y convierte en dioses los
fenómenos naturales que no comprende; el hombre metafísico
(que simboliza el viento), el cual empieza a tener conciencia, reflexionando
sobre la realidad del mundo; el hombre científico (que simboliza
el agua), el cual analiza los fenómenos, los objetos, penetrando
con su razón en sus esencias. Finalmente el hombre de fuego que
debería simbolizar a Prometeo, el que rebelándose a los
dioses entregó a los hombres la chispa del fuego, la cual representa
al mismo tiempo la razón y la libertad.
Así el hombre, ya libre, crea las artes en su constante lucha
de superación; el hombre hecho fuego de pasiones, de anhelos
de conquistas, pero sobre todo dueño de su vida, de su destino
y de sus decisiones.
Como escribió Esquilo en su Prometeo Encadenado:
¡...caiga, pues, el afilado rizo del fuego; conmuévase
el etéreo con el estampido del trueno y el huracán de
los vientos desatados; qué invadan las olas del mar con bárbara
furia los celestes caminos de los astros; qué arrastre mi cuerpo
el irresistible torbellino de la necesidad hasta el fondo del negro
Tártaro: como quiera no podría matarme!.
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