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Muralismo mexicano

Por: Giancarlo v. Nacher Malvaioli *


Orozco
Orozco, La trinchera, 1923-27, Escuela Nacional Preparatoria, Cd. de México.
 

Año de aparición: 1922-23                                      
Año de terminación: 1955

Ciudad: México, D.F.

ORIGEN Y DESARROLLO: en 1920 el primer período, el más importante, de la Revolución mexicana terminó, en un primer intento democrático, después de las dictaduras de Porfirio Díaz y de Victoriano Huerta.

El general Álvaro Obregón, presidente electo, nombró Secretario de Educación Pública al escritor José Vasconcelos, el cual estableció un programa amplio de renovación y promoción cultural en toda la Nación, en particular para las poblaciones rurales y para el proletariado urbano, tomando en cuenta que el índice de analfabetismo era del 90%.

En 1922 David Alfaro Siqueiros, de regreso de Europa, fundó el Sindicato de Pintores, Escultores y Gráficos Revolucionarios de México, cuyo manifiesto marcó el inicio del Muralismo mexicano.

En 1923 se editó “El Machete”, publicación político-artística.

En los años que van de 1924 a 1929, bajo las presidencias de Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil y Pascual Ortiz Rubio, el Muralismo decayó.

En 1934 renació con el Presidente Lázaro Cárdenas.

En 1940 llegó a su apogeo y muchos fueron los pintores que se dedicaron a esta técnica, sin embargo los temas empezaron a repetirse con frecuencia. El mismo Diego Rivera a menudo reutilizó sus temas anteriores.

La corriente muralista perdió paulatinamente su espontaneidad, volviéndose siempre más académica.

Desde 1950 a 1955 se registraron los últimos años de esta corriente.

Sin embargo en 1972 David Alfaro Siqueiros pintó el “Polyforum”, en la Ciudad de México, último gran conjunto de murales.


 
Siqueiros, La nuevo democracia (detalle), 1944-45, Museo Nacional de Historia, Cd. de México.


 
Fenómeno típico de la época y del clima político-cultural revolucionario mexicano, REACCIONÓ en contra de la Academia, de cierta tradición romántica, del formalismo así como del esteticismo, exaltando un arte de contenido social por y para el pueblo.

Un arte didáctico que ilustrara la historia pasada y presente de México.

INFLUENCIAS RECIBIDAS: múltiples fueron las influencias que recibió, como las de la cultura y del arte prehispánicos, del Realismo Social alemán, de la Nueva Objetividad, del Expresionismo y de otras corrientes de la época.

En su manifiesto se notan inclusive influencias de ideales románticos, por su anticonvencionalismo, rebeldía en contra de toda regla y limitación, explosión de pasiones, deseo de regresar a un pasado remoto, a las raíces autóctonas del pueblo y, por lo tanto, exaltación de todo lo que fuera creación o, mejor dicho, ‘producción’, odio al arte de élite, al arte por el arte, en la creencia de que el verdadero arte es sólo el que posee una función social, creado colectivamente para las masas y plenamente ‘comprendido’ (sic) por ellas.

Se inspira también en el idealismo hegeliano en la creencia de que “El artista pertenece a su tiempo, vive de sus constumbres y de sus hábitos, comparte las ideas y las representaciones.

Él crea en primer lugar para el pueblo, el cual tiene todo el derecho de pedir que una obra de arte sea comprensible y a él cercana”.

Se encuentran también postulados realistas que dan importancia exclusiva al contenido de la obra, al objetivismo del artista, el cual debe de tomar sus temas de lo más real e inmediato de la vida cotidiana, e ideas socialistas-marxistas que determinan tajantemente que la función principal del arte es la de colocarse al servicio de la causa revolucionaria proletaria, de atacar a la burguesía y su sistema ético-político-económico, de reforzar la moral y la unidad del pueblo, de ser vehículo de propaganda político-social.

Y la importancia que se da al contenido debe de ser expresada en términos realista-fotográficos, debe condenar toda abstracción y también todo figurativismo que no lleve un mensaje social.
 
POÉTICA: del manifiesto escrito por Siqueiros se puede entender claramente cuál es la poética del Muralismo:

“No sólo el trabajo noble, sino la mínima expresión espiritual y física de nuestra raza, brota de lo nativo (particularmente de los indios). Su admirable y extraordinario peculiar talento para crear belleza; el arte del pueblo mexicano es la más sana expresión espiritual que haya en el mundo y su tradición es nuestra posesión más grande. Es grande porque siendo del pueblo es colectiva, esto es el por qué nuestra meta estética fundamental es socializar la expresión artística que tiende a borrar totalmente el individualismo burgués.

Repudiamos la llamada pintura de caballete y todo arte de los círculos ultraintelectuales, porque es aristocrático, y glorificamos la expresión del ‘Arte Monumental’, porque es propiedad pública.

Proclamamos que el momento actual es la transición entre un orden decrépito y uno nuevo que los creadores de belleza deben realizar sus mayores esfuerzos para hacer su producción de valor ideológico para el pueblo y la meta ideal del arte, que actualmente es una expresión de masturbación individualista, sea arte para todos, de educación, de batalla”.

TEMÁTICA: hechos y personajes históricos mexicanos, el pasado prehispánico, la conquista española, explotación nacional y extranjera, revolución nacional, reformas sociales y culturales, democracia y dictadura, liberación del pueblo, guerra y paz, capitalismo y socialismo, exaltación del trabajo del pueblo humilde, de la ciencia y de la técnica al servicio del progreso, son los temas preferidos por los muralistas.

ELEMENTOS FORMALES: los muralistas utilizaron a veces los elementos formales tradicionales (perspectiva, volúmenes, claroscuro, planos, etc.), otras veces los eliminaron de acuerdo con sus necesidades en cada caso.

Tratándose de una pintura ilustrativa-descriptiva a menudo usaron la superposición de figuras, engrandeciendo (a las representaciones) de los personajes más destacados sin importarles en qué plano y a qué distancia se encuentren, como en las pinturas medievales.

Acentuaron el dinamismo, el movimiento, los efectos cromáticos que resaltan el dibujo, en conformidad con un estilo que va desde un realismo naturalista a un expresionismo dramático; aquél de acuerdo con la descripción didáctica, éste con el fin de estimular sentimientos y pasiones, como orgullo, coraje, desprecio y rechazo, exaltación y amor patrióticos.

Las técnicas del fresco y del encausto fueron utilizadas ampliamente, además se experimentaron técnicas nuevas, unas 150 distintas, incluyendo materiales para la industria, como la piroxilina (pintura para automóviles), aplicada con pistolas de aire, resinas sintéticas (vinílicas, acrílicas, silicones), losetas cocidas a altas temperaturas, mosaicos, metales, piedras de colores, etc.

Construyeron también bastidores especiales de acero, rellenos de cemento y cal, arena y polvo de mármol, que fijaban en las paredes por medio de ménsulas y pernos, separados del muro unos cuantos centímetros con el fin de preservar el mural de la humedad, cuarteaduras y otros accidentes.

RESULTADOS: el Muralismo basaba su poética en unos principios nacionalistas y revolucionarios de tinte izquierdista, unidos a una voluntad de renovación pictórica. Esto implicaba también algo que hervía en el alma de todo mexicano: en 1897, en uno de los períodos más trágicos de su vida Paul Gauguin pintó un cuadro, que hubiera tenido que ser su testamento espiritual, que tituló: “¿De Dónde Venimos? ¿Quiénes Somos? ¿A dónde Vamos?”. El objetivo de los muralistas mexicanos fue el de intentar contestar a tales preguntas para concientizar a los pueblos mestizos de América Latina, en particular al pueblo mexicano, de su importancia, de su grandiosa tradición cultural precolombina, su dolorosa conquista española que, en el bien y en el mal, hizo posible el nacimiento de nuevos pueblos, confluencias del Oriente y del Occidente, integrándolos al resto del mundo y a la época moderna.

El Muralismo quebrantó el hechizo de los complejos, al expresar el orgullo patrio, el espíritu nacional, el resurgimiento de un arte auténticamente mexicano, ya sea en su temática como en su esencia espiritual.

El pueblo, iletrado en su mayoría, tenía que tomar conciencia de su larga historia, de su origen, de su identidad, a través de los murales pintados por doquiera y que señalaban, trazaban y abrían caminos hacia un futuro mejor.

Los demás postulados del Manifiesto, Orozco confesó en su “Autobiografía”, quedaron simplemente como utopías, o casi. En efecto la socialización del arte, la supresión del individualismo burgués, el repudio a la pintura de caballete y a cualquier otro tipo de arte de élite, o aristocrático, y el producir tan sólo obras monumentales de dominio público, se demostraron irrealizables o, cuando menos, muy relativas.

Orozco señaló las dificulades principales: en primer lugar nadie se pudo poner de acuerdo sobre lo que significaba ‘socializar el arte’, pues cada quien tenía ideas distintas, muchas de las cuales eran inoportunas o de realización imposible; nadie, al acto práctico, quiso renunciar a la pintura de caballete, todos siguieron pintando también en lienzos o en papel, además no todo el mundo podía o sabía pintar frescos, sin contar las razones de compromiso por necesidades económicas.

En cambio se entendió, aunque más tarde, que la pintura de caballete, el grabado y el dibujo podían ser igualmente importantes, inclusive para los fines ideológicos que se proponían.

Los pintores se dieron cuenta también que, de acuerdo con tales ideologías, las pinturas que representaban a indios o a obreros trabajando no gustaban ni a los indios ni a los obreros (o no tenían dinero para comprarlas), en cambio eran adquiridas por los burgueses nacionales y extranjeros en contra de los cuales, supuestamente, estaban dirigidas...

Al pueblo le gustaba ver, y comprar cuando tenía dinero, lo exótico, lo extranjero y lo burgués, que representaban mundos distintos al de su rutina diaria.

Los extranjeros en particular quedaban fascinados con todo lo que representaba el colorido local mexicano, que los mexicanos, en cambio, veían como demasiado usual y obvio.

Los pintores además se percataron de que el buen gusto no es innato o exclusivo de una raza o de una clase social, en efecto sólo la educación puede crearlo, afinarlo, depurarlo, pues en general es la cursilería la que gusta a las masas que no tienen preparación estético-cultural. Así que si los muralistas hubieran seguido o satisfecho el ‘gusto’ de las masas populares hubieran producido cursilería, publicidad, propaganda barata, pero no hubieran creado arte.

Surgieron inclusive dudas sobre el hecho de que si el arte podía ‘mover a las masas’, al ser un arma política eficaz, pues toda la historia de la humanidad enseñaba exactamente lo contrario: ningún artista había creado jamás teorías filosóficas, políticas o científicas; ninguna obra de arte había causado nunca una guerra o una revolución; los sistemas caían cuando se demostraban obsoletos y no reflejaban más la opinión o la conveniencia de la élite dominante, o de las nuevas élites que aspiraban a conquistar el poder.

Otra vez es Orozco el que se percata claramente de este hecho al señalar que si se exageraba la importancia del contenido (o cuando menos si no se lograba una armonía a priori entre contenido y forma), se desembocaba hacia una pintura de ilustración, descriptiva, documental o anecdótica, sin alcanzar un valor estético; y por medio de su crítica aguda advirtió: “En lo que se refiere a la pintura, a la obra de arte, el contenido ideológico y el tema no tienen la importancia vital que se les atribuye, por supuesto que el cuadro puede expresar o reflejar ideas, como puede tener microbios en su superficie, pero ni las ideas ni los microbios, constituyen su naturaleza esencial: las ideas y los temas son el conducto de que el artista se sirve para realizar algo elevado y superior, y es éste que le da el valor y permanencia a la obra de arte”.

Inclusive otra de las premisas del Manifiesto de anular cualquier individualismo (como reacción a la costumbre tradicional burguesa) al pintar murales colectivamente, sin firma, trabajando en equipo, se demostró irrealizable. Siqueiros y Guerrero trataron de formar tales ‘cooperativismos’, pero nadie cumplió con lo pactado. Las diferencias de talentos, las personalidades más definidas y dominantes de algunos, el orgullo innato de cada quien y el deseo de ser reconocido y de destacar sobre los demás fueron unas de las razones que hicieron fracasar el propósito inicial.

Como era lógico suponer se impusieron los individualismos, acentuándose más el valor estético de las obras creadas por los que demostraron ser realmente artistas.

Y estos valores estéticos constituyen una de las importancias básicas del Muralismo como movimiento en sí, que reveló el individualismo de cada quien dentro de su original estilo personal y dejó, a pesar de cualquier ideología preconcebida, un patrimonio cultural a la Nación y al mundo.

INFLUENCIAS EJERCIDAS: varias corrientes afines en América Latina sufrieron su influencia, en particular en Brasil (Portinari) y en los Estados Unidos en las corrientes del Realismo Expresionista, del Realismo Social, sobre todo durante la época del “New Deal” de Roosevelt, y hasta del Expresionismo Abstracto.


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