< Redefinición de las
prácticas artísticas s.21 >
La Société Anonyme
1. No somos artistas, tampoco por supuesto "críticos". Somos
productores, gente que produce. Tampoco somos autores, pensamos que cualquier
idea de autoría ha quedado desbordada por la lógica de circulación
de las ideas en las sociedades contemporáneas. Incluso cuando nos auto-describimos
como productores sentimos la necesidad de hacer una puntualización:
somos productores, si, pero también productos.
Nuestro propio trabajo, la actividad que lo
concreta, es en realidad el que nos produce. Quizás incluso podriamos decir que nuestro trabajo
tiene que ver básicamente con la producción de gente, gente
como nosotros. No preexistimos (nadie preexiste) en punto alguno a esa
producción. La cuestión de la identidad del autor o su condición
es una cuestión definitivamente trasnochada. Nadie es autor: todo
productor es una sociedad anónima -incluso diríamos: el producto
de una sociedad anónima.
2. La figura del artista vive en tiempo prestado.
Nutrida por fantasias e imaginarios pertenecientes a otros ordenamientos
antropológicos, el conjunto de
distanciamientos e inclusiones que prefiguran su lugar social, asignándole
una cierta cuota restante de poder totémico, ya no hace al caso. Quienquiera
se sitúe hoy por hoy bajo advocaciones semejantes cae de lleno o en
la ingenuidad más culpable o en el cinismo más hipócrita.
3. No existen "obras de arte". Existen un trabajo y unas prácticas
que podemos denominar artisticas. Tienen que ver con la producción significante,
afectiva y cultural, y juegan papeles específicos en relación
a los sujetos de experiencia. Pero no tienen que ver con la producción
de objetos particulares, sino únicamente con la impulsión pública
de ciertos efectos circulatorios: efectos de significado, efectos simbólicos,
efectos intensivos, afectivos.
4. Por más de una razón deberíamos asemejar el trabajo
del arte al del sueño: es una producción que induce formaciones
de superficie que expresan, que traducen aproximadamente, un estado descompensado
de energías. Lo esencial en ellas no es la forma o apariencia que adquieren
en un instante dado: sino el campo de intensidades, o sea el diferencial de
potenciales, -en que se efectúan.
5. Esa producción nunca debe confundirse con objeto o forma alguna:
es un operador que se introduce con eficacia en algún sistema dado,
desestabilizando la ecuación de equilibrio que lo gobierna. Pero tampoco
conviene hacer mitologia al respecto. El modo en que esta desestabilización
opera es algo muy parecido a la introducción de un mero clinamen, algo
tan elemental y frecuente como lo que posibilita que dos gotas de lluvia
cayendo a la vez desde la misma nube y hacia la misma tierra tengan la
capacidad de, en algún punto de sus trayectorias relativas, chocar
conocerse, digamos.
6. Describir a las actuales como "sociedades del conocimiento" -o
todavia peor, como "sociedades del capitalismo cultural"- parece
olvidar hasta qué punto su constitución se realiza, precisamente,
sobre la consagración exaltada de la estulticia, de la ignorancia. Asumamos
no obstante que cualesquiera de esas figuras no son más que un grado
de las otras -quizás su grado cero. Y admitamos entonces también
denominar a las nuestras "sociedades del conocimiento" o del "capitalismo
cultural" -pero siempre bajo la observancia rigurosa de esa cláusula
cuantitativa, gradualizada, y precisamente hacia lo más bajo. Queremos
decir: siempre que pueda entenderse que como tales sociedades del conocimiento
las contemporáneas podrían de hecho caracterizarse, con el mayor
de los aciertos, como "sociedades del (escasisimo) conocimiento" o
incluso como "sociedades del capitalismo (in)cultural".
7. El trabajo del arte ya no más tiene que ver con la representación.
Alguien pensaria que el del sueño -ese que induce un "contenido
aparente" en quien revive el "latente", o lo cuenta por la mañana-
tiene que ver con la "re-presentación"? ¿De qué?
Negativo: el trabajo del sueño expresa una economía
de las fuerzas, una tensión de las energías, una disposición
de la distribución diferencial: es una melodía del
deseo, nunca su pintura; es presencia, nunca re-presentación.
Ese modo del trabajo que llamamos artístico debe a partir
de ahora consagrarse a un producir similar -en la esfera del
acontecimiento, de la presencia: nunca más en la de la representación.
No queda nada digno que representar, no queda dignidad alguna reivindicable
en la tarea del representar. Ya no es sólo aquello de "no
cometer la indignidad de hablar por otro" sino que ningún
signo, efecto, objeto, figura, ninguna entidad o existente, puede pretender
dignidad alguna si su trabajo es única o principalemente
valer por
otro, representarle.
8. No existen este mundo y el otro. El arte no puede seguir reivindicando
habitar una esfera autónoma, un dominio separado. Ni siquiera para argumentar
la operación "superadora" de su estatúto escindido.
La clase de los objetos es única, todos ellos gozan del mismo calibrado
y adolecen de la misma carencia "objetiva" de fantasmalidad. Si el
trabajo del arte tiene todavia que ver con el "fantasma", con la
circulación de las ideas (en su inconcreción caracteristica)
y la productividad del sentido o las energías deseantes (en su difusión
magnificente), empieza a ser hora de no confundir ese halo con nada apegado
a la materialidad de algún orden de "objetos especificos".
9. Las transformaciones de las sociedades actuales determinan la completa
inadecuación
del régimen actualmente hegemónico de circulación pública
de la producción artistica. Esto en lo que se refiere de modo particular
a dos circunstancias: 1. el deslizamiento del significante visual hacia el
territorio de la imagen movimiento -y la consiguiente obsolescencia creciente
de los dispositivos espacializados de organización de la recepción,
de los modos de la expectación; y 2. la misma espureidad de cualquier
requerimiento de objetualización determinada.
No ya que mucha de la energía resultante de una práctica artística
cualquiera no requiere culminarse o concretarse en objeto único alguno.
Ni siquiera en objeto multiplicado alguno.
Para las nuevas prácticas no es ya que carezca por completo de sentido
hablar de original -ni siquiera lo tiene hablar de las copias (como no lo tiene
hablar de copias cumplido el tránsito del disco hacia el MP3). El tiempo
en que el régimen de circulación pública de los productos
resultantes de las prácticas artísticas se refería a algún
tipo de "objetos" está, por completo, cumplido y acabado.
10. En las sociedades del siglo 21, el arte no se expondrá. Se producirá y difundirá.
11. Nos interesa investigar la inadecuación creciente de los antiguos
dispositivos espacializados de articulación de la recepción social
de las prácticas artísticas (museos, galerias de arte). Pero
no porque sea nuestro interés mantenernos instalados en la lógica
antitética entre arte e institución-Arte; esa lógica nos
resulta manida hasta el hastio y vaciada de cualquier potencial efectivo: quienes
insisten en definirse con respecto a ella caen de inmediato en el polo de lo
exhaustivamente institucionalizado, pues éste justamente se escribe
bajo la figura de esta lógica. No entonces por tal razón sino
más bien porque en la exacerbación de ese momento de inadecuación
creciente, tanto las prácticas artísticas como la institución
que regula su inscripción social se ven obligadas a evolucionar.
12. Toca evolucionar, si. Basta de darle cuerda a la fabulación falsamente "re-volucionaria" en
lo que se refiere a las prácticas artísticas, -fabulación
que no hace más que anclar la forma de las prácticas en un pasado
bloqueado, autocomplacido en la irresolubilidad paradojal de su lógica
antitética. Nada que tenga la forma de la negación calculada
de si misma hace otra cosa que preparar indisimuladamente la coartada del compromiso
cumplido anticipando el momento de su absorción integrada.
13. La que describiríamos como lógica antitética de la
institución-Arte (es decir: la característica de la formación
del espíritu objetivo que heredamos como pasado constituyente, la
herencia de lo moderno) tiene esta forma: que para ser arte debe
precisamente negar serlo, que para entrar en la institución-Arte debe precisamente
aparentar (y adoptar el tono más convincente posible al respecto) que
la pone en cuestión, que la rebasa, que la excede, que la desborda.
14. La que describiriamos como trasnochada lógica antitética
de la obra tiene una estructura similar, la de un si es no es. Si
no se le reconocia arte reclamará venir a serlo (lógica del readymade, de
los otros comportamientos, de las actividades otras). Si
se le reconoce serlo, deberá entonces serle negado algún valor en esa
condición (lógica del pronunciamiento antiartistico).
15. El tiempo de esta "lógica generacional" -pues
muy pronto deja de ser una mera lógica de la falsa conciencia para resolverse
en una economía de la evolución presidida por la gobernación
de un principio adaptativo, tipo "selección natural" ese tiempo
toca a su fin. El que quiera presentarse a si mismo como otra cosa que coro
repetidor de un academicismo prefijado, que se invente un estribillo menos
complaciente que el de la expresión antitética. Fin de juego
para la herencia Duchamp.
16. Dos figuras que marcan el carácter "falsamente" politico
de un arte hoy obligado a resultar, como tal, "correcto": 1. la falsificatoria
declaración de estar al margen de los procesos universalizados de la
producción, y 2. la falsificatoria declaración de estar al margen
igualmente de la exhaustiva "administración" del mundo social
contemporáneo. Dicho de otra manera: la puesta en fantasmagoría
de dos imaginarios interesados -queremos decir: cuya producción interesa
por encima de todo al "capitalismo cultural" contemporáneo-
el de que es posible un mundo sin mercado y el de que es posible
un mundo sin estado, lo público y la ciudadania sin su administración.
Empobrecidas fantasias legitimadoras cuya postulación hipotética,
fabuladora, a nadie beneficia tanto como a quien justamente trabaja para
que bajo ninguna consideración y en el más minimo territorio
esas fantasías sean realizables -sino como tales fantasías.
17. Ni al margen del Estado ni al margen del mercado, el trabajo que
realiza el productor artístico se sitúa en la órbita
de cualquier otra actividad, de la actividad cualsea. Es,
como todo el resto del trabajo que realizan cualesquiera otros ciudadanos,
una mera actividad productiva y su espacio de inscripción no es otro que el dominio público,
el espacio social, definido por los actos de intercambio. Nos guste o no, en
las sociedades actuales este espacio se encuentra exhaustivamente prefigurado
por la actividad económico-productiva, bajo cuya administración
se decide la forma reglada de todo intercambio social.
18. El arte ha dejado de pertenecer al orden de una economia simbólica
presidida por las figuras antropológicas del derroche, de la sobreproducción.
El artista contemporáneo no puede aceptar seguir oficiando de chamán
de la tribu, de liberado en las nuevas formas del potlach contemporáneo.
En las nuevas economías de la falsa opulencia sostenida el
artista no puede aceptar que su práctica se inscriba de ninguna
manera en los registros de forma actualizada alguna del lujo.
19. La transformación de las nuevas sociedades sitúa en primer
plano el trabajo inmaterial, la producción de sentido y afectividad,
el trabajo intelectual y pasional. El desafio más importante que las
prácticas artisticas contemporáneas enfrentan apunta a redefinir
su papel antropológico en relación a este gran desplazamiento.
20. La vieja circunscripción de la idea del trabajo a la economia productiva
y la producción de objeto está quedando patentemente obsoleta,
y no sólo por el desproporcionado mayor peso que la economia financiera
y de la pura circulación de capitales está adquiriendo en las
nuevas sociedades, sino también por el hecho de que la producción
inmaterial y la circulación del sentido, de la información, se
están convirtiendo en las modalidades de intercambio mas importantes
en las sociedades emergentes.
21. Quizás lo más característico de las nuevas sociedades
es en efecto su transformación estructural en cuanto a las relaciones
de producción, su terciarización. En las sociedades
del postfordismo, la parte más importante del trabajo que se realiza ya
no tiene por objeto la producción de bienes materiales, sino que se
orienta a la producción intelectual y afectiva, a alimentar nuestras
necesidades de sentido y deseo, de significado y placer. Al mismo tiempo, también
el consumo de bienes inmateriales, cuya circulación está regulada
por las industrias culturales definitivamente fundidas con las del ocio y la
comunicación, está tendiendo a convertirse también
en el modo principal del consumo.
La consecuencia es que la centralidad antes ocupada en cuanto a
la generación
de riqueza por la posesión del capital bascula ahora hacia la posesión
de la propiedad intelectual, objeto principal de la nueva
reordenación
del sistema capitalista. Las prácticas artísticas deben encontrar
su lugar en relación a todos estos procesos de transformación.
22. La propiedad intelectual y el derecho de autor, como tales, se van
a convertir en el caballo de batalla principal de este recentramiento
contemporáneo
de las relaciones de producción. Las figuras del plagiarismo utópico
o la sindicación de la autoría cuya mejor eficacia se ha ejemplarizado
hoy en el terreno del software libre- suponen al respecto puntas de lanza de
una gran estrategia por desplegar que dirija su política a la generación
de los dispositivos y agenciamientos que permitan la libre circulación
y el acceso universal a a la información, modificando definitivamente
al respecto la relación entre productores y utilizadores.
Se impone superar el esquema verticalizado emisores receptores para
establecer una economia radial y desjerarquizada de usuarios, un rizoma de utilizadores actualizando
la fórmula utópica de la comunidad de productores de medios.
23. Es preciso encontrar fórmulas que simultáneamente
respeten el derecho de autor y el derecho colectivo de acceso púbico
libre y abierto a la totalidad de los saberes y las prácticas
de producción simbólica, revisando de forma profunda
el concepto de propiedad intelectual. El que manejamos viene
heredado de un tiempo en que las nociones de identidad, autoría
y propiedad se asentaban en presupuestos jurídico-bio-religiosos, y
no, como ahora deben replantearse, en función de consideraciones
de orden bio-tecno-político.
24. El recentramiento que trae el trabajo inmaterial al centro
operacional mismo de las nuevas economías supone una gran transformación:
todo el espectro de una producción que antes era considerada "superestructural" ha
pasado a convertirse en la parte nuclear del comercio antropológico contemporáneo.
25. Si las nuevas sociedades pueden hoy ser definidas como sociedades del
trabajo inmaterial, sociedades del conocimiento, hay que reconocer
entonces que a las prácticas de producción simbólica -a las actividades
orientadas a la producción, transmisión y circulación
en el dominio público de los afectos y los conceptos (los deseos
y los significados, los pensamientos y las pasiones)- les incumbe en ellas
un papel protagonista, absoluta y seriamente prioritario. El artista como productor ya
no opera en ellas como una figura simbólico-totémica, sino como
un genuino participante en los intercambios sociales de producción intelectual
y producción deseante.
26. Primera responsabilidad: la aqduirida en cuanto a la producción
de formas de socialización e individuación. Los viejos mecanismos
de la reproducción social -la familia, la educación, la religión,
la patria, todos los antiguos dispositivos articuladores de relatos de reconomimiento,
las maquinarias abstractas productoras de elementos de identificación
a través de la adhesión tácita a un sistema complejo de
creencias implicitas o explicitadas- han dejado de funcionar como tales, y
el encargo de proporcionarle al sujeto en su proceso de construcción
herramientas de reconocimiento o identificación ha sido cedido, o desplazado,
hacia agencias mucho más lábiles y flexibles, en las que el peso
del "imaginario" visual circulante capaz de devenir-colectivo
es decisivo.
El poder de la imagen, de la "cultura visual" al respecto es casi
absoluto y los productores de esa "cultura visual" harian
bien en conocer y asumir la desmesurada importancia que ella ha
adquirido, y en consecuencia, su creciente responsabilidad (una
responsabilidad para la que, todo debe ser dicho, no siempre se
encuentran suficientemente preparados).
27. Por tres vias diferentes las nuevas prácticas artísticas
están asumiendo esa responsabilidad. En primer lugar, por la via
de la narración. La utilización de la imagen-técnica
y la imagen-movimiento, en su capacidad para expandirse en un tiempo-interno
de relato, multiplica las posibilidades de la generación de narrativas. En
segundo lugar, por la vía de la generación de acontecimientos,
eventos, por la producción de situaciones. Mas allá de
la idea de performance y por supuesto mucho más allá de
la de instalación- el artista actual trabaja en la generación
de contextos de encuentro directo, en la producción especifica
de micro-situaciones de socialización. La tercera vía es una
variante de ésta segunda: cuando esa producción de espacios conversacionales,
de socialización de la experiencia, no se produce en el espacio fisico,
sino en el virtual, mediante la generación de una mediación.
El artista como productor es a) un generador de narrativas
de reconocimiento mutuo; b) un inductor de situaciones intensificadas
de encuentro y socialización
de experiencia; y c) un productor de mediaciones para su intercambio en la
esfera pública.
28. El artista como productor interviene, cada vez más en el tiempo
real del dominio de la experiencia, no en el del tiempo diferido de la representación. Esto
se hace tanto más indiscutible cuanto más entendamos el tiempo
real en términos de tiempo de sincronización de la experiencia,
tiempo compartido y de encuentro entre los sujetos de conocimiento y pasión.
Cada vez más, el artista es un productor de directo ...
29. Segunda gran responsabilidad del productor artistico en las sociedades
actuales: la que le concierne en relación al proceso de "estetización" difusa
del mundo contemporáneo sin el que el nuevo capitalismo no sería
pensable. Si el efecto del capitalismo industrial sobre el sistema de los objetos
(y por ende sobre el sistema de necesidades, y el de las relaciones) fue su
transformación generalizada a la forma de la mercancía, podría
decirse que el efecto más característico del capitalismo postindustrial
es la estetización generalizada de tal mercancía, la transformación
de ésta (y por ende del sistema de necesidades, y el de las relaciones,
sometido por tanto a una segunda metamorfosis) a su forma estetizada. Lo que
preside en efecto la circulación social actual de objetos, bienes y
relaciones, no es ya el valor de uso que podamos asociarles ni aún
el valor de cambio: sino, y por encima de todo, su valor estético, la
promesa que contiene de una vida más intensa, más interiormente
rica.
30. La religión de nuestro tiempo se llama: justificación
estética de la existencia cumplida bajo una forma evidentemente
abaratada, trivial si se compara con su diseño en el programa romántico,
en Nietzsche. Su efecto supone la realización de nuestro tiempo
como tiempo
del nihilismo culminado pero de nuevo a precio de saldo, como de segunda
mano.
31. Los mecanismos sociales de reconocimiento y diferenciación, de socialización
y subjetivación, de pertenencia a un grupo social y distinción dentro
de él, se hacen reposar por encima de todo en el valor estetizado, y
es la carga de éste que el nuevo capitalismo añade a objetos
y relaciones, materiales o inmateriales, la que determina su nuevo
valor social. Tanto más en un mundo globalizado, en el que la circulación
de bienes, formas y mercancías trasciende cualquier frontera y entorno
geo-bio-político de identificación especifico: en este mundo
globalizado de señas de identidad extraviadas, las necesidades de implementar
esos mecanismos de producción de identidad y diferenciación
crecen exponencialmente.
32. El trabajo que al respecto concierne a las prácticas artísticas
tiene entonces que ver con la producción de imaginario en las
sociedades del trabajo inmaterial. A nivel genérico, ideológico, éste
se aboca a 1. la implementación de imaginarios alternativos a los dominantes
en el proceso de globalización y 2. la aproximación critica a
los mecanismos y modos de producción de representación propios
de las industrias culturales y del entretenimiento.
33. Lo que está en juego en las nuevas sociedades del capitalismo avanzado
es el proceso mediante el que se va a decidir cuáles son y cuáles
van a ser los mecanismos y aparatos de subjetivación y socialización
que se van a constituir en hegemónicos, cuáles los dispositivos
y maquinarias abstractas y molares mediante las que se va a articular la inscripción
social de los sujetos, los agenciamientos efectivos mediante los que nos
aventuraremos de ahora en adelante al proceso de devenir ciudadanos, miembros
de un cuerpo social.
Es preciso intervenir en esa dinámica, reconociendo la dimensión altamente
politica que comporta.
34. Resistir al efecto de desintensificación, empobrecimiento cualitativo
y expropiación de lo auténtico de la experiencia que caracteriza
a su gestión por las industrias del espectáculo puede ser
el leit
motiv de una nueva politica. Una nueva politica que frente al
desorbitado potencial que poseen las industrias contemporáneas del imaginario pueda
ser capaz de agenciar lineas de resistencia y modos de producción alternativa
de los procesos de socialización y subjetivación.
Acaso en esa tarea -la de esa nueva politica definida en la era
del trabajo inmaterial- las prácticas artísticas lograrán
encontrar, en un proceso de transformación de las sociedades actuales
que tiende a convertirlas en meros instrumentos de legitimación
-cuando no en triviales generadoras de bibelots de lujo para
las nuevas economias inmateriales- sus mejores argumentos de futuro,
su más alto desafio
-o cuando menos una buena razón de ser en el siglo que ya
comienza.
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