"En Tamayo, el simbolismo no es abstracto: su mundo es
la vida cotidiana, como lo señaló André Breton.
Esta observación carecería de interés si
el mismo Breton no hubiese dicho en seguida que el arte de Tamayo
consistía en insertar la vida cotidiana en el ámbito
de la poesía y el rito. O sea: arte de transfiguración.
Este tejido de sensaciones pictóricas que es un cuadro
de Tamayo es, asimismo, una metáfora. ¿Qué
dice esa metáfora? El mundo existe, la vida es la vida,
la muerte es la muerte -todo es. Esta afirmación, de la
que no están excluidas ni la desdicha ni el azar, es un
acto de la imaginación más que de la voluntad o
el entendimiento. El mundo existe por obra de la imaginación
que, al transfigurarlo, nos lo revela."
Octavio
Paz
Tamayo. Geometría y transfiguración,
Ed. Poligrafa, S.A Barcelona, 1982
"El
arte de Tamayo es un arte dramático. Un arte saturado de
conflictos y tensiones, de constantes choques entre fuerzas destructoras,
un arte reflejo del destino que se cierne sobre el hombre y de
la heroica resistencia del hombre al destino que se cierne sobre
él. Un arte henchido de oscuridades y noche, del demoníaco
poder de las tinieblas y del misterio astral. En el trasfondo
acecha la muerte, proyectando sus sombras sobre todo ser y todo
acaecer -así como en el concepto azteca de Cotlicue, la
horripilante y sublime diosa de la tierra, se hallan vinculados
el nacer y el perecer, el principio y el fin de todo ser terrenal.
Visión plástica cuyo contenido, forma y color, son
expresión de la angustia vital, del estremecimiento ante
el misterio de la vida. La incesante, desesperada pregunta por
el sentido de ser confiere al arte de Tamayo su dimensión
en profundidad espiritual. Situado a inconmesurable distancia
de la naturaleza muerta, cargado de un hondo saber de los límites
de la vida y de su problematismo, su arte es, todo él,
una vibrante afirmación de esta vida."
Paul
Westheim
Rufino Tamayo: una investigación
estética, Artes de México, num.2 1956