Juan
Soriano. Biografía. Nació el 18 de agosto de 1920 en Guadalajara,
Jalisco. Su acercamiento a la actividad plástica fue verdaderamente
temprano, desde los 8 años se destacó por sus aptitudes
plásticas, a los 14, cuando formaba parte del taller del
pintor Francisco Rodríguez "Caracalla", participó en
su primera exposición colectiva en el Museo de Guadalajara.
A partir de entonces y gracias al impulso de su hermana Martha
y de las enseñanzas del también pintor Jesús
Reyes Ferreira, Soriano habría de incursionar en el ámbito
de la plástica mexicana con notables contribuciones sobre
temas como la composición y la forma.
En esa ocasión visitaron la muestra Lola Alvarez Bravo, María
Izquierdo y José Chávez Morado; los retratos que observaron
de Juan Soriano les parecieron vinculados con el expresionismo alemán
y pudieron conocer directamente al artista, quien después presentaría
su primera exposición individual en 1936. Su obra, además de
sorprenderlos, les pareció diferente de la de sus contemporáneos
y predecesores porque compartía con ellos una atmósfera, una época
en común, mas no los estilos ni las formas de figuración.
A su llegada a la Ciudad de México en 1935, entabló estrecha
relación con algunos de los jóvenes intelectuales de la época,
como Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Octavio Barreda, Agustín
Lazo, Lupe Marín, María Asúnsolo, Elena Garro, Lola
Alvarez Bravo, Lya Kostakowski, Rufino Tamayo y Octavio Paz, a quien conoció a
finales de esa década y considera uno de sus críticos más
acuciosos. En la ciudad encontró no sólo un grupo que le obligó a
expandir sus horizontes culturales ni solamente amistadesentrañables,
sino la posibilidad de forjar un estilo propio y afinar el que ya tenía,
perfeccionando primordialmente su empleo de la forma. Por esta razón,
el artista considera que su obra está ligada con lo que ha vivido,
con la vida cotidiana, con la gente con quien tuvo la suerte de vivir y no
con la historia del arte.
A este periodo, de 1936 a 195O, pertenecen la mayoría de sus retratos,
los cuales constituyen un variado mosaico de estudios de carácter
que revelan los rasgos emotivos tanto del sujeto como del creador. Las escenas
en las que se desenvuelven los personajes distan de ser únicamente
elementos complementarios: Juan Soriano, también escenógrafo
y diseñador de vestuario, logró hacer de cada una componentes
esenciales de la obra ante las cuales cabe toda respuesta, excepto la indiferencia.
En 195O y en 1952, viajó a Roma, maduró intelectual y plásticamente
demostró su convicción, más que habilidad, para ir de
lo clásico a lo moderno, para la experimentación de estilos,
formas, materiales y géneros. Estos viajes lo acercaron al arte Renacentista,
al Preclásico (el Micénico en particular) y al Cretense, a
los cuales no era completamente ajeno. En sus palabras, Juan Soriano comenzó a
desarrollar en este momento de su carrera la idea de la liberación
de los cánones preestablecidos con base en el uso muy personal de
la forma y los colores, teniendo siempre fidelidad a sí mismo y a
su afán de explorar la realidad.
De aquí surgió en él un renovado interés por
el dibujo. El dibujo, considera Soriano, es la opinión del pintor
sobre lo que ve y además su delator, ya que está condicionado
por las limitaciones de cada uno; para el pintor tapatío es el dibujo
como acto el momento germinal, la germinación por sí misma;
el momento en que el dibujante se vuelve omnipotente pues entonces decide
en qué se convierte la línea: paloma, mujer, ola. En esta etapa
elaboró cuadros radiantes, manifiestos de su postura plástica
por el color y la forma: los autorretratos de 1952, Apolo y las musas en
sus varias versiones, La madre y La vuelta a Francia confirman el perfeccionamiento
del figurativismo.
A su regreso de Roma, de 1952 a 1956, continuó su incursión
en los círculos intelectuales mexicanos y colaboró con el grupo
Poesía en voz alta promovido por Octavio Paz, Juan José Arreola,
Héctor Mendoza, Juan José Gurrola y Leonora Carrington. Con
ellos actuó y ejecutó escenografía y vestuario para
las diversas representaciones del grupo, recordando las que para sí mismo
realizaba en su infancia frente al espejo.
Entre 1956 y 1957, se estableció en Roma y comenzó a trabajar
el abstraccionismo. Criticado en su momento por un cambio que pareció radical,
Juan Soriano no dudó en asegurar que precisamente el espíritu
de libertad y de cambio le impedía repetirse, copiarse o permanecer
dentro de un mismo estilo, el suyo, no obstante su diversidad, que no anarquía.
Resultado de esta etapa de descubrimientos plásticos y personales
es la serie Retratos de Lupe Marín, de 1961 a 1963, presentada en
la Galería Misrachi de la Ciudad de México. En ellos, el artista
consigue plasmar a la mujer que fuera la más importante de sus musas
compartiendo con el espectador las diversas facetas de la personalidad de
su amiga y de sí en todo su esplendor.
En 1974 trasladó su residencia a París, de donde regresa a
México ocasionalmente. Durante los últimos años se ha
dedicado más al género escultórico, en el cual consigue
dimensiones líricas al evocar las cosas no palpables. De este género
el creador jalisciense piensa que es la facultad de hacer objetos que representan
esa variedad de emociones que constituyen la vida de mi Yo.
Entre sus exposiciones individuales cabe destacar, además de las citadas,
la primera en la Ciudad de México, en 1941 en la Galería de
la Universidad de México; la de 1959 en el Palacio de Bellas Artes,
la retrospectiva 25 años de pintura; así como la de 1966 de
escultura en el Palacio de Bellas Artes. Ha expuesto de manera colectiva
en Estocolmo, París, Londres, Montevideo, La Habana, Montreal, San
Francisco, Filadelfia, Toronto, Tokio y Florencia. En 1976 recibió la
Mención Honorífica en el Festival Internacional de Pintura
de Cagnes-sur-Mer, Francia y el Cervantes en
España.
Muere en la Ciudad de México el 10 de febrero de 2006.