Internet
Art. The Online Clash of Culture and Comerce
Julian
Stallabrass. Tate Publishing, Londres, 2003, 165 páginas.
El libro del escritor y crítico de arte británico
Julian Stallabrass, Internet Art. The Online
Clash of Culture and Comerce se inicia constatando la contenciosa
relación entre
el mundo del arte y la cultura activista “on line” con
un incidente ocurrido en la Whitney Bienal de Nueva York en el
año 2000 en la que el grupo activista “on line” RTMark
(pronunciado Art –mark) , burlando el valor de su participación
en la bienal, sustituyó su página web escogida por
los organizadores de la Bienal por otra página con documentos
enviados por el público en los que se buscaba cuestionar
abiertamente los comportamientos corporativistas. Los miembros
del colectivo usaron también eBay, el lugar de subastas
en la red, para vender cuatro tickets de una recepción privada
de la Bienal por la cantidad de 8.400 dólares, cantidad
que usaron para sufragar sus proyectos subversivos. Este cruce
de intereses entre el campo de la cultura y el del comercio es
el que, a juicio del crítico de inglés, ilustra con
mayor rotundidad las relaciones entre el arte en la red y el mundo
del arte con todos sus agentes, entre ellos el comercial. También
explicaría los intentos de las instituciones artísticas
de “cooptar” ingredientes del carácter hiper-moderno
y democrático de esta cultura “marginal” elevándola
a la categoría de “arte” más allá de
las elitistas y arcaicas prácticas materiales así como
de sus obsoletos sistemas de intercambio y comunicación.
A partir de estos argumentos Stallabrass diseña su particular
historia del “net art” , definiendo su realidad específica
no tanto como un espacio intersticial entre la cultura material
y la inmaterial o a caballo entre el arte elevado y el arte popular
sino en relación a aquellos componentes que le vinculan
con el comercio, tanto el “on line” como el generado
desde el “mainstream”. Para el autor, el “net
art” representa un proyecto de “síntesis” entre
la modernidad asociada con las nuevas tecnologías de la
producción y la posmodernidad y las nuevas tecnologías
de reproducción: “Escribir sobre arte en Internet
-sostiene el autor- es intentar fijar en palabras un proteico y
altamente inestable fenómeno. Un arte que está inextricablemente
unido al desarrollo del propio Internet”. Un proyecto que
aunque precisa del análisis de un buen número de
emergentes tecnologías y cuerpos de conocimiento – desde
la manipulación genética hasta las ciencias de la
mente y en general teorías relativas a la fusión
de los humanos con sus creaciones digitales- se acomete sólo
desde su presente y su inmediato pasado. Dentro de un tono más
descriptivo que polémico, al contrario que ocurre con otras
publicaciones del autor como High Art Lite, un análisis
del arte británico de los años noventa bajo el impacto
de la exposición Sensation y del mecenas Saatchi, en los
distintos capítulos del libro se plantean aspectos enormemente
esclarecedores para describir este nuevo desafío que es
Internet: incluyendo el estudio de la naturaleza de Internet (
que no es un medio, como la pintura, el grabado o el video sino
un sistema de transmisión a base de “data” que
simulan potencialmente todos los medios reproductivos), el análisis
de las formas de arte dentro de esta vasta categoría más
de naturaleza hipertextual que visual, la implosión del
tiempo y el colapso del espacio, así como el potencial de
las políticas “on line” hasta los nuevos formatos
de colección tanto para instituciones como para individuales
. Y en este nuevo modelo de cultura “on line” también
tienen un lugar importante artistas como RTMark, I/O/D, Alexei
Shulgin, Vuc Cosic, Maciej Wisniewski, Heath Bunting, Rachel Baker,
Jodi, Thomson and Craighead, Olia Lialina, Mark Napier, Anna Best
que se acogen a un discurso alternativo más próximo
al anti-arte que al discurso canonizado de la historia del arte.
Lejos pero de profundizar en las aportaciones de cada artista en
particular el autor aporta información útil pero
concisa y escasamente conceptualizada para los lectores no conocedores
del tema. Y siempre en la convicción de gracias al “net
art” que el arte podrá salir de su marginalidad por
el hecho de abrazar la reproducibilidad. Para más información:
Revista ARCO Arte Contemporáneo nº36